El 21 de abril de 1966, Haile Selassie I aterrizó en Kingston en una visita oficial de Estado y fue recibido por una multitud sin precedentes. Más de cien mil personas rodearon el aeropuerto convencidas de presenciar el cumplimiento de una profecía anunciada décadas antes. Aquel episodio, ampliamente documentado por la prensa y por registros fotográficos, marcó un punto de inflexión en la legitimación cultural del movimiento rastafari y, con el tiempo, en la proyección internacional del mensaje que el Reggae llevaría al mundo.

El 21 de abril de 1966 no es una fecha más en la memoria cultural de Jamaica. Ese día, Haile Selassie I, emperador de Etiopía, aterrizó en Kingston en el marco de una visita oficial de Estado. Sin embargo, lo que ocurrió a su llegada trascendió por completo el protocolo diplomático y se convirtió en uno de los episodios más significativos para el movimiento rastafari y, años más tarde, para la expansión global del Reggae como vehículo cultural y espiritual.
Desde la madrugada, miles de personas comenzaron a reunirse en las inmediaciones del Norman Manley International Airport, en Kingston. Las estimaciones periodísticas de la época hablaron de más de 100.000 personas congregadas, muchas de ellas miembros del movimiento rastafari, que desde hacía décadas veían en Selassie la encarnación de una profecía anunciada por Marcus Garvey: “Mirad hacia África, donde un rey negro será coronado”.

La multitud fue tal que el aterrizaje del avión se demoró varios minutos. La pista estaba invadida por personas que cantaban, elevaban incienso y aguardaban con una mezcla de fervor espiritual y emoción colectiva un momento que consideraban histórico. Los relatos de testigos y periodistas describen la escena como mística, intensa e irrepetible.
Selassie descendió del avión recién cuando la situación logró ser contenida por líderes rastafaris presentes en el lugar. Entre ellos se encontraba Mortimer Planner, figura clave para ordenar a la multitud. Ese gesto, aunque protocolar, fue interpretado por muchos como una señal de respeto hacia el pueblo rastafari.

Es importante señalar que Selassie nunca se proclamó una figura divina ni validó públicamente la interpretación religiosa que el movimiento rastafari hacía de su persona. Su visita tuvo carácter diplomático y político. No obstante, su sola presencia en la isla produjo un efecto profundo: legitimó culturalmente a una comunidad que durante años había sido marginada y estigmatizada dentro de la sociedad jamaicana.
A partir de ese día, el pensamiento rastafari comenzó a ganar mayor visibilidad y respeto social. Ese cambio de percepción sería determinante para que, en la década siguiente, la música Reggae se convirtiera en el canal de difusión global de ese mensaje. Artistas como Bob Marley, Peter Tosh y Burning Spear transformarían esa filosofía en sonido, llevando al mundo conceptos de identidad africana, resistencia cultural y espiritualidad.

Cada 21 de abril, el movimiento rastafari conmemora el Grounation Day, una de sus fechas más sagradas. No se trata de un feriado oficial, sino de una jornada de memoria espiritual y cultural que recuerda el día en que Jamaica, literalmente, se detuvo.
Lo ocurrido en 1966 no pertenece al terreno del mito. Está documentado por crónicas periodísticas, fotografías históricas y testimonios de quienes estuvieron allí. Es un hecho real que permite comprender cómo cultura, historia y música pueden entrelazarse en un momento capaz de transformar la identidad de un pueblo.
Entender la visita de Haile Selassie a Jamaica es también entender una de las raíces más profundas del Reggae y del mensaje que, décadas después, recorrería el planeta a través de sus canciones.



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